| Historia de la Anestesia en Argentina La Anestesia Despúes de 1846 |
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Lo más importante del doctor Francisco Javier Muñiz, fueron sus contribuciones a la anestesia a mediados de 1848. A pesar de vivir casi en el desierto, disponía de fuentes de información originales acerca del éter y cloroformo, que en esos momentos apasionaba a los investigadores médicos del mundo. Por eso la respuesta que remite a su amigo, Mariano Lozano, es un documento histórico que tuve la suerte de poder leer (Museo de Historia Natural Bernardino Rivadavia), en el que el sabio exhibe su facultad analítica e indagatoria frente a los resultados sobre la aplicación de esos anestésicos que ofrecen los investigadores extranjeros; su espíritu abierto a todo lo nuevo, pero alerta ante el exagerado entusiasmo o superficialidad en la apreciación de aquellos resultados, en fin, su objetividad científica frente a los hechos presentados. Muñiz añadía: "no intento dogmatizar en lo que diga, ni enseñar a nadie, y mucho menos a los médicos largamente experimentados e instruidos, el camino que deben seguir. Mi objeto será apuntar las ventajas de una eterización bien hecha y los peligros que amenazan en otra imprudentemente dirigida". A continuación pone de manifiesto la información sobre el uso del éter en anestesia, mencionando las experiencias realizadas en Estados Unidos, Inglaterra y Francia; dice además que "en el Janeiro se hizo ya a principios de 1847 la ablación de un pecho canceroso con buen éxito". Describe el empleo del éter en Francia para calmar los dolores de los partos laboriosos, agregando "Tengo el aparato que usa hoy en París el afamado Blandin y otros distinguidos cirujanos cuya estampa registra el correo de ultramar de enero último; puede servir también para la administración de cloroformo". Basándose en Jobert de Damballe, explica las tres etapas que pueden separarse en el proceso de eterización, aplicables igualmente al cloroformo, pero advierte que pueden ser variables de un individuo a otro; en ese punto se asemejan mucho los efectos del éter a los del alcohol. Finalmente dice que "la eterización y aún el cloroformo han producido accidentes funestos, es, entre diversas causas ocasionales del insuceso, el haber confiado demasiado en esos medios. Aún cuando la máquina de Blandin, sin duda la más perfecta, tenga una válvula o graduador numerado para la ascensión más o menos abundante de los efluvios espirituosos y para la entrada del aire atmosférico, el operador o el asistente o los dos a la vez, no deben descuidar un instante el pulso, los latidos del corazón respecto a su mayor o menor lentitud y fuerza. la disposición general de éstas y del color, la frialdad del cuerpo, etc." Muñiz participó abnegadamente en la gran epidemias de fiebre amarilla en Buenos Aires donde perdió la vida en 1871. En agosto - septiembre de 1847 en Buenos Aires, Jacobo o Julio Tewksbury, médico y dentista estadounidense con reválida en esta ciudad el 20 de julio de 1844, introduce la anestesia con éter operando a un paciente en su domicilio de la calle Perú al 700. Colaboró también Diego de Alvear. Esta información consta en el British Packet Hand Argentine News, periódico que se editaba en Buenos Aires (edición 1089 del 4 de septiembre de 1847) traducido textualmente por el médico Ernesto Vivanco que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires donde se puede leer aquel documento, certificando que en aquel año Tewksbury realizó una anestesia general en su domicilio asistido por Aubain, llevando a cabo una operación en un bizco, el paciente fue sometido a los efectos narcóticos del éter quedando corregido el estrabismo. En Buenos Aires, el 18 de junio de 1847 en la reunión anual de la Sociedad Filantrópica que mantiene el Hospital Inglés, Juan Guillermo Mackenna informa que; "la primera aplicación exitosa del éter en operaciones en esta ciudad fue en nuestro hospital" y agrega: "nos sentimos capaces para confirmar el sorprendente hecho de que, la inhalación de este espíritu volátil a través de la boca y de la nariz produce un estado de inconsciencia, de modo tal que las más serias operaciones quirúrgicas pueden ser llevas a efecto sin dolor". "Desde entonces ha sido empleado con éxito en varias ocasiones y últimamente un nuevo descubrimiento llamado cloroformo ha sido también usado en el caso de una mujer cuyo fémur fue fracturado sin dolor para corregir una deformación y reducía la fractura con el resultado más satisfactorio." Con Tewksbury sucedió lo mismo que con Juan Guillermo Mackenna, cirujano del Hospital Inglés, hoy Hospital Británico, a quien también se le adjudicó la primera anestesia en nuestro medio. Nosotros también lo hicimos, hecho pero reconocemos que corresponde la prioridad periodística al primero. Dice Oscar Vaccarezza que en el informe de Mackenna no anota la fecha de estas primeras anestesias. Teniendo en cuenta el caso de estrabismo operado por Tewksbury publicado en el British Packet, se piensa que Mackenna se ajustó a la verdad, y que la primera aplicación exitosa del éter fue en el Hospital y bajo su dirección. Razón le cabe a Vivanco al referirse a quien corresponde la prioridad si a Tewksbury o Mackenna: "De todos modos fueron coincidentes. De ambos es pues esta gloria médica". Desde entonces el éter fue empleado con éxito en varias ocasiones y también el cloroformo, que se usó en el caso de una mujer que sufrió una fractura de fémur. Se empleaba un cartucho con hilas empapadas en el anestésico, otras veces era simplemente un pañuelo. Tenían la precaución de no administrarlo con el estómago ocupado, de tener el paciente en decúbito dorsal y permiténdole respirar aire en forma alternada. Estaba contraindicado en enfermos cardíacos graves y en personas de edad avanzada. Se controlaba tan sólo el pulso y los rasgos fisonómicos. Un punto crítico en la frecuencia del pulso era cuando éste llegaba a 55 pulsaciones y, en esta situación se suspendía la operación y la anestesia. La primera muerte comunicada, imputable al cloroformo, en Buenos Aires, se produjo en el año de 1854 durante una intervención en un tumor neoplásico de la región inguinal. Es mismo año Leopoldo Montes de Oca publicó una tesis en la cual dedica un capítulo completo a la anestesia, con el título de "Cirugía en Buenos Aires durante los años 1852, 1853, 1854". Montes de Oca habló en especial del uso y abuso del cloroformo, cuya técnica aprendió junto a su padre, Juan Montes de Oca, en Río de Janeiro donde residieron exilados durante la época de Juan Manuel Rosas. En 1857 Juan Clara habló sobre el cloroformo en operaciones largas y aconsejaba el uso de la morfina para facilitar la anestesia general, y recomiendaba el empleo del aceite alcanforado para reforzar la actividad cardíaca. Esta información fue reafirmada por Wenceslao Tello en 1880. En 1857 la Municipalidad crea el Hospital General de Hombres al lado de la Iglesia de San Telmo donde actuaron grandes figuras de la medicina argentina, entre otros Guillermo Rawson, Teodoro Alvarez, Juan de Dios Madera, Claudio M. Cuenca, Lepoldo Montes de Oca y Tomás Perón. La cirugía se efectuaba en la sala 3 donde se desempeñaba como Jefe Leopoldo Montes de Oca, la anestesia con cloroformo la realizaban los alumnos del último año de la Escuela de Medicina, lo cual constituía un gran adelanto y valoración del acto anestésico al confiarla a casi ya médicos, aunque carentes se conocimientos de anestesia. En la actualidad en la mencionada Iglesia de San Telmo se conserva la gran mesa de mármol de Carrara de un solo bloque (2,80 por 1,35 mts) que era usada en el Hospital General de Hombres tanto para operar como para autopsias. Remontándonos a los inicios más importantes de la cirugía y de la anestesia en nuestro medio, vemos que en Buenos Aires, entre 1860 y 1870, la actividad quirúrgica de la ciudad se centralizaba en el Hospital General de Hombres y en el de Mujeres, el primero constaba ya con 400 camas. Según Cranwell estaba integrado por pabellones antiguos en pésimas condiciones de higiene con elevadísima mortalidad a la que también contribuía la anestesia en especial clorofórmica. El 22 de abril de 1870, parece ser el día en que se practicó la primera operación abdominal en Buenos Aires, siendo cirujano el escocés John A. Alston, realizando una ovariotomía en el domicilio de la enferma empleando éter como anestésico; operación realizada desde poco antes en Inglaterra, Francia y los Estados Unidos con la misma anestesia. La anestesia en las casas privadas seguiría siendo la misma, el goteo de éter o cloroformo sobre un pañuelo o gasa, con la única ventaja que los cirujanos para esas intervenciones a domicilio, que eran remuneradas en forma privada, seleccionaban al más idóneo del hospital disminuyendo los riesgos de muerte por anestesia. Entre 1866 y 1867, Daniel Iturrios, en Morón, realizó una importante experiencia con éter, pulverizándolo sobre la piel, con el fin de suprimir la sensibilidad dolorosa por enfriamiento, logrando extirpar un pequeño tumor de mama y una fístula perineal, sin acusar dolor durante las incisiones. En 1868 Ricardo Gutiérrez publicó su tesis, "Supresión de los dolores del parto mediante el cloroformo". Dante S. Gorini publicó en la Revista Argentina de Anestesia que Pedro Pardo había visto emplear cloroformo en 1849, el que pronto se difundió en obstetricia. El 22 de abril de 1870, Juan Alston acompañado por Arthur E. Leeson, Pablo E. Marengo, Pedro E. Quinche y Alberto C. Baron de Finck practicaron con cloroformo la primera "ovariotomía" en Buenos Aires. En abril de 1872, Manuel Montes de Oca recurrió a la anestesia con cloroformo para examinar a un niño de 8 años con litiasis vesical, que previamente había acusado dolores muy fuertes a la introducción de la sonda número 4. En julio de 1877, el médico francés Defoix acompañado por los doctores Simon, Herrera Vegas, Duchesnois, Argerich, Colfarini y el practicante Villar, realizaron una ovariotomía en la calle Chacabuco Nº 84, permaneciendo clorofomizada la enferma durante toda la intervención que duró desde las 9.30 hasta las 12 hs. En agosto del mismo año Ignacio Pirovano practicó su primera ovariotomía en una mujer de 15 a 16 años, la que falleció pocos días después por causas ajenas a la anestesia, posiblemente sepsis. Al día siguiente de la operación un comentarista de la Revista Médica Quirúrgica informó, como una noticia relevante, que es la primera que hace en Buenos Aires un cirujano compatriota; la paciente estuvo bajo la acción del cloroformo durante 2 horas. En 1871 Louis Ernest, destacado dentista de la ciudad de Buenos Aires, relató las primeras experiencias utilizando "Protóxido de Nitrógeno", para realizar extracciones dentales. Usaba un aparato con un tubo de caucho que adaptaba a la boca del paciente, con frecuencia provocaba risa, ("gas hilarante"), según relatan periódicos de aquel entonces; a veces se producían gritos en el momento de extracción dentaria, pero el paciente no acusaba dolor al despertar. Los accidentes anestésicos que se producían, indujeron al Consejo de Higiene Pública a recomendar a la población no usar este gas. Cerca de esta fecha, 1875, Ignacio Pirovano nombró oficialmente al primer anestesista Leopoldo González Garaño, médico egresado del Protomedicato, como encargado de la anestesia en el Hospital General de Hombres. En Buenos Aires Wenceslao Tello en tesis fechada en 1880 (Anestesia y Analgesia Quirúrgica), comunicó la prevención y tratamiento de los accidentes que con frecuencia eran graves y, dice que cuando ocurre alguno de éstos que puedan llevar a la muerte, se debe suspender el anestésico, introducir los dedos hasta la epiglotis para levantarla, tirar la lengua hacia afuera y comenzar respiración artificial mediante un tubo introducido en la laringe e insuflar con la boca, maniobra que debe mantenerse aunque no exista pulso. Un concepto revolucionario en aquella época, que constituía una verdadera reanimación respiratoria. Juan B. Justo, en 1889 en Buenos Aires, empleó la solución acuosa de cocaína como anestésico local, técnica que aprendió en Viena con Billroth, y al año siguiente Andrés F. Llobert y el mismo Juan B. Justo iniciaron la anestesia local infiltrativa con soluciones de cocaína a la que posteriormente añadieron adrenalina. Justo también fue de los pioneros de la desinfección de las manos. Avelino Gutiérrez (1865-1946) dedicó un importante trabajo a la valiosa obra quirúrgica de Juan B. Justo, quien a su regreso de Europa en 1897, lo incorporó como su colaborador en la cirugía de niños en el Hospital San Roque, actual Hospital Ramos Mejía. Avelino Gutiérrez, desarrolló su principal actividad en el Hospital Español de Buenos Aires, gran cirujano y eximio anatomista, que en 1893 describió técnicas, en especial en la cirugía gastrointestinal que hicieron se lo considerara entre los precursores de la cirugía argentina. Se preocupó por brindar más seguridad a la anestesia, considerando en aquellos tiempos de fin de siglo, a los anestesistas, fundamentales para los resultados quirúrgicos En 1895 en el Hospital de Clínicas, Julio Paz realizó experiencias con el bromuro de etilo, aunque los resultados no fueron muy halagadores por lo cual lo abandonó. En el año 1881 en Buenos Aires, Leopoldo Montes de Oca tomó la decisión de prohibir que se continuara operando en aquel viejo Hospital de Hombres, por la gran mortalidad que se producía debido principalmente al alto índice de infecciones y también a los paros cardíacos ocasionados por la anestesia, en especial clorofórmica. Contribuyó a lo antedicho que en un sólo día fallecieran dos pacientes de pequeña cirugía, uno operado de "juanete" que se complicó con una gangrena general, el otro, de profesión vigilante, a raíz de una anestesia general. La medida se difundió en el pequeño Buenos Aires de entonces, con gran desprestigio de los médicos y temores de la población. Diógenes Decoud publicó en los Anales del Círculo Médico de Buenos Aires, en el año 1895, su preferencia por la cocaína antes que por el cloroformo o éter. Usaba esta técnica infiltrativa, en cirugía de intestino en especial y textualmente decía: "debe aconsejarse el empleo de la cocaína en todas las intervenciones bien regladas, con lo que se consiguen ventajas, dejando para las intervenciones complejas el demonio del éter y el cloroformo". Este concepto persistió usando soluciones variadas de procaína infiltrativa, para algunos cirujanos casi hasta nuestros días, y las estadísticas actuales muestran una incidencia de morbimortalidad apreciablemente menor que las demás técnicas de anestesia. Sin embargo Decoud, gran defensor de la anestesia local, también aconsejaba el uso de la anestesia raquídea con cocaína y estovaína allá por el año 1907, fecha en que publicó un importante trabajo. |
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