Historia de la Anestesia en Argentina
Comienzos de la Medicina y Desarrollo de la Anestesia. Medicina Indígena

HISTORIA DE LA ARGENTINACOMISION DE HISTORIA |APENDICE |

Tenemos limitada información del uso de hierbas medicinales entres nuestros aborígenes. Los Patagones, Onas, Tehuelches o Gennakes, Puelches, Alacauf, Haush, etc., usaban la piedra bezoar del guanaco.. La coca estaba muy difundida. Se trataba de tribus en su mayoría nómadas, cuyos lejanos orígenes etnológicos no son suficientemente conocidos, salvo en las regiones norteñas hasta donde llegaba la influencia de la cultura y la organización incaica, el resto estaba constituido por pobladores que vivían en un estado primitivo y salvaje. Ni siquiera los Araucanos, que fueron los más numerosos y organizados, llegaron a constituir una verdadera nación. Las características fundamentales de su Medicina fueron la de todos los pueblos primitivos, entre mágica y empírica, y una cirugía ocasional, provocada instintivamente por la misma necesidad. La mentalidad de todos los seres primitivos fue de naturaleza mística, por tanto las enfermedades fueron de carácter mágico y trataron de luchar contra ellas por medio de la magia. El hechicero jugaba un papel básico al aplacar los espíritus. Entre los Matacos, por ejemplo, para ser curandero, hechicero, hombre médico, era necesario que fuera un individuo viejo y feo; muy distinto ocurría en los Pampas, donde a los que tenían condición de afeminados se les iniciaba desde niños en las prácticas curandiles, porque los creían poseídos por los demonios. Los Guaraníes ejercían una medicina bastante racional, empleaban las semillas del Chenopodium Ambrosodes, el jaborandi y una especie de quina para todas las fiebres, óleo resinas y bálsamos para el tratamiento de heridas y el tabaco en las heridas gangrenosas. Para las hemorragias, los cocimientos de determinados hongos. Tomaban baños calientes con hierbas olorosas y se friccionaban con plantas aromáticas. Efectuaban escarificaciones con propósitos curativos. Para lograr una inmunización preventiva contra la ponzoña de las serpientes, se hacían morder repetidas veces por otra que fuese menos mortal, generalmente una que llamaban ñakánina.

Los Guaraníes que habitaban las zonas vecinas de Argentina y Uruguay usaban el urú-katú (Catasetum ximbriatum) como agente antiespasmódico; como analgésico, el burucuyá. En las regiones del Chaco, los Guaycurúes administraban el chamico, el palan-palan y el cardo santo como analgésicos, mientras que los Omaguacas del Noroeste empleaban el fruto del cevil como alucinógeno.

Los Patagones usaban hierbas curativas, flebotomías y sangrías. Para disminuir el dolor, efectuaban la operación denominada catatun, que consistía en tomar entre dos dedos la parte saliente de la piel del enfermo, levantarla cuanto podían y pasar un cuchillo de una a otra parte, dejándola sangrar un poco.

Los Araucanos empleaban para la anestesia las flores de la Myaya o Datura ferox, cuyo principio activo es la escopolamina acompañada de cantidades menores de hiosciamina y atropina, o las semillas de la misma, cuyo contenido es menor en hiosciamina. Las Daturas fueron empleadas en toda América. Ellas entran en la composición del Toloatzin, o Toluachi empleado por muchos indios americanos, en especial por los Mayas, quienes los daban a las mujeres como "anestésico en el acto del parto, para mitigar los dolores.

El Estramonio comprende dos especies importantes, el Stramonium y el Metel. La Datura Metel es una hierba parecida al estramonio, que contiene diversos alcaloides del tipo de la hiosciamina (atropina) y de la escopolamina. La Daturina es un alcaloide extraído del estramonio y que constituye el principio activo de esta planta. Chamico, estramonio americano: esta variedad de alcaloide la usaban prácticamente todos los indios de América.

Los indios Tehuelche o Gennakes que habitaban el sur del Río Negro y que en sus correrías llegaban hasta el Estrecho de Magallanes, al parecer eran los únicos que usaban el extracto de la substancia extraída de vegetales, el curare, tan difundido en el norte del río Amazonas.

El curare o más bien "los curares", drogas originarias de la selva del Amazonas, han permanecido largo tiempo como algo misterioso y están todavía rodeados de leyendas. Para numerosos grupos de indígenas del Amazonas que permanecen aún en estado de cazadores de la piedra pulida, el curare es, según la expresión que ellos usaban "el arma que mata bajito", porque de ella se sirven para matar silenciosamente, sin espantar los habitantes naturales de la selva, monos y pájaros.

Tenemos la información que, entre otros, también los Karib, distribuidos en las áreas del norte de Venezuela, Colombia, Guayanas y Brasil, así como en las islas del Mar del Caribe y de América Central, usaban el curare como veneno aplicado a sus flechas.

Sebastián Elcano informó que cuando cruzaban el estrecho que después se llamó de Magallanes, desde tierra un indígena disparó una flecha "envenenada" que originó la muerte, entre contracturas, de un miembro de la tripulación, la que se pensó podía ser debida al empleo del curare.

El único instrumento indígena americano que utiliza aire comprimido, es la cerbatana, que dispara pequeñas flechas de 1 a 3 gr. de peso emponzoñadas con curare. Los principios activos de éste son casi todos derivados bicuaternarios di-isoquinoleicos; entre estos derivados, uno de los más importantes es el de base cuaternaria, de gran empleo inicial en anestesiología, la d-tubocurarina, la que tiene una acción paralizante de los músculos esqueléticos e inhibidor de la reacción a los impulsos nerviosos y a la acetilcolina.

Cómo esta droga aborigen ha pasado de la choza indígena a manos de los médicos?. Los cronistas españoles hablan con terror de las flechas "hervadas" o "herboladas", impregnadas de zumos vegetales, las que con un simple rasguño provocan dolores intolerable, crisis de gritos, convulsiones violentas y la muerte rápidamente o en horas en medio de ataques de rabia: "rabiando", escribían Cieza de León y otros historiadores de los primeros tiempos de la conquista del Nuevo Mundo. Un viejo escritor, López de Gomara, agrega que los raros sobrevivientes soportan una existencia dolorosa.

El primer libro sobre América, De Orbo Novo, por Pedro Martín de Anglería (1516), contiene numerosas referencias de un veneno para flechas, posiblemente era el curare. Se atribuyo a Sir Walter Raleigh, introductor del tabaco en Europa, el haber llevado a su regreso en 1595 la primera muestra de curare, aunque algunos lo ponen en duda. Hasta el comienzo del siglo XIX no se supo nada de importancia respecto a él. Más tarde las dificultades afrontadas por los investigadores no eran simplemente científicas, ya que resultaba imposible conseguir la droga y la materia prima. La mayoría de los indios sudamericanos que lo usaban ignoraban de que se trataba. Los ingredientes y método de preparación eran secretos inviolables protegidos por tabúes y ritos. Transcurrieron siglos antes que se permitiera a un extranjero observar la cocción del jugo negro y acre. Sin embargo, en 1812 Sir Benjamín Brodie publica un libro y junto con otros colaboradores señalan que el curare aflojaba o paralizaba los músculos y mataba al detener la respiración de la víctima. Poco después los botánicos identificaron y clasificaron las plantas productoras.

El nombre "curare", bajo la forma "ourari", aparece por primera vez en el relato del descubrimiento de las Guayanas por Sir Walter Raleigh; pero no es hasta la segunda mitad del siglo XVIII que el curare toma lugar en la literatura científica.

Un misionero jesuita del Casanare, el padre José Gumilla, en 1745, dio una primera descripción del "veneno sutil llamado ourari, su curiosa preparación y su acción casi instantánea".

Todavía próximos al comienzo de nuestro siglo, su preparación estaba llena de supersticiones indígenas, siendo encomendada su elaboración a hechiceros o viejas de las tribus. Bohen se ocupó de estudiarlas realizando una buena descripción de los tres tipos fundamentes de curare en uso, existiendo el curare de calabaza, curare de olla, y curare de tubo, según las ollas o marmitas que se empleaban.
Volver

Webmaster - Editor responsable: rjaschek@fibertel.com.ar