Historia de la Anestesia en Argentina
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En nuestro país, en 1916, Aurelio Aleotti presentó su tesis de doctorado titulada "Inyección Epidural", sacando las siguientes conclusiones: "El método de inyección epidural, difiere de la punción lumbar, en que aquel se hace por afuera de la duramadre y ésta dentro del espacio subaracnóideo; la única vía de penetración es el hiato sacrocoxígeo".... "el ideador del método epidural ha sido Cathelin ya que a él se le debe el mérito". Decía también, "la cavidad epidural es una cavidad tolerante, es decir, que se le puede inyectar sin peligro sustancia variables y en proporciones relativamente enormes, (hasta 135 ml). La técnica epidural es un método de analgesia de primer orden, que no presenta los inconvenientes del método subaracnóideo".

Debemos a la iniciativa e inquietud del profesor Alberto Gutiérrez, Jefe del Servicio de Cirugía de mujeres, haber iniciado en el Hospital Español de Buenos Aires, en el año 1929, sus experiencias y trabajos sobre este tipo de anestesia, la anestesia metamérica extradural, epi o peridural ideada por el cirujano español Fidel Pagés en 1920, relatando los exitosos resultados obtenidos en 43 enfermos. El fue quien denominó a esta anestesia con el nombre de anestesia metamérica. La nueva anestesia pasó inadvertida hasta que Dogliotti, de la Clínica de Uffreduzzi de Turin, simultáneamente con Alberto Gutiérrez, la dieron a conocer como original, sin modificar sustancialmente el método de Pagés.

Ya en 1927, continuando con la curiosidad sobre el origen de la negatividad en el espacio peridural (EP), L. E. Ontaneda de Buenos Aires la midió minuciosamente con un manómetro aneroide, encontrando que variaba de -3 a -9 cm de H20 a diferentes niveles.

Alberto Gutiérrez dictó un curso sobre "Anestesia metamérica epidural" y después publicó un trabajo más documentado en la Revista de Cirugía de Buenos Aires (12:665, 1932). En el mismo año, en colaboración con López Rubido, presentó al IV Congreso Argentino de Cirugía el trabajo "Resultados obtenidos con la anestesia epidural". Informaba sobre los efectos logrados en 150 observaciones. En 1933 publicó un trabajo rotulado "Valor de la aspiración líquida en el espacio epidural", llamando la atención sobre la importancia de la aspiración líquida en el espacio extradural, en virtud de la tensión negativa en él existente. De ahí nació el conocido signo de aspiración de la gota, para otros llamada gota pendiente o "gota de Gutiérrez". Los valiosos y profundos estudios experimentales en perros, llevados al ser humano, sobre anatomía y dinámica del espacio peridural y detalles técnicos debidos a él, han hecho que su nombre se encuentre asociado mundialmente a este método de anestesia junto con el mencionado signo de aspiración de la gota. En esta experiencia argentina contribuyeron profesionales como Raúl Penin, Delfor del Valle y Domingo Plazaola. También durante el citado año, Vicente Ruiz, del Servicio de Gutiérrez, contribuyó con su experiencia en la anestesia extradural en ginecología, fundamentada en 196 casos.

Decía Gutiérrez "la aspiración de la gota depositada en el pabellón de la aguja puede ser aspirada o succionada al espacio extradrual en forma variada. En algunas oportunidades, la desaparición de la gota es súbita, instantánea; otras veces en cambio, es aspirada lentamente, pudiendo darse el caso en que se observe un simple movimiento oscilatorio o de vaivén".

Asimismo, midió la distancia de la piel al EP en más de 2.000 pacientes, notando que en un 80% de los casos es de menos de 5.5 cm.

Muchos pudimos comprobar que el momento de aspiración de la gota es audible, como decía Pagés en su libro, siendo este ruido muy manifiesto cuando por el pabellón de la aguja refluyen ruidosamente burbujas de aire junto con el liquido inyectado. Se decía, que la gota es "gota que se agota" cuando lo que refluye es liquido anestésico, siendo regular y prolongada en el caso que se hubiera punzado la duramadre fluyendo entonces el liquido tibio cefaloraquídeo, circunstancia entonces en que debemos tomar la decisión de realizar una anestesia subaracnoidea o buscar otro espacio.

Entre los años 1947 y 1960, Jorge Tumer que adquirió notable experiencia con esta anestesia, publicó tres libros sobre anestesia peridural, uno de ellos relatando su experiencia en obstetricia. Más tarde se especializó en neurología para estar más capacitado en el tratamiento del dolor. El también había sido discípulo del maestro Leslie Cooper en el Hospital Británico de Buenos Aires, durante los años 1943 y 1944, y había actuado primero como cirujano y más tarde como anestesiólogo en el Pabellón II, sala 6 a cargo de Ricardo Finochietto.

Seguramente Jorge Tumer fue uno de los primeros anestesiólogos con dedicación exclusiva al tratamiento del dolor en especial el de origen neoplásico. Lo vimos entre los años 1953 y 1980, solicitado por muchos clínicos y cirujanos, para realizar bloqueos con distintos anestésicos en dolores rebeldes a los tratamiento más comunes.

En octubre de 1954 nos visitó Manuel Martínez Curbelo de Cuba, a quien invitamos a pronunciar una conferencia en el Hospital Español, el 16 del mismo mes, dictó una conferencia en la Asociación Médica Argentina sobre "Anestesia Peridural". Considero que él fue creador del método de anestesia peridural continua con catéter ureteral en la Habana, donde impartía sus enseñanzas , siendo uno de sus discípulos Italo Nunziata, quien trajo a nuestro país lo aprendido

El año 1936 es una referencia de importancia en el país. En los boletines de Clínica Quirúrgica del Hospital de Clínicas de Buenos Aires se publicaron las observaciones que Oscar Ivanisevich realizó en México y Estados Unidos, informando del difundido empleo del ciclopropano y el etileno por médicos anestesias. Asimismo señaló el uso del filtro con cal sodada para fijar el anhídrido carbónico que expira el paciente.

Hacia fines del año 1936 por iniciativa de José Arce y su discípulo Oscar Ivanisevich, se organizó una escuela de anestesistas y para ello fue invitado Federico Vollwrechthausen del Hospital Ferroviario de México. En un curso teórico-práctico de tres meses de duración, se enseño intubación traqueal, circuitos de anestesia con el aparado de Foregger, usándose ciclopropano y óxido nitroso, con o sin éter. Participaron C. Aiello, H. Aprile, A. Avogadro, M. Belchor Costa, G. Belleville, A. Bergara, C. Bergara, H. Bogetti, B. Calcagno, E. de la Vega, J.C. Delorme, L. Feldman, E. Frias Meneses (Chile), C. Gallarza Herrera (Uruguay), R. Goyenechea, B. Goldstein, S. Lippschiz, J.M. Márquez Miranda, J.A. Nesi, V. Olguin, J.M. Perette, J. Schaerer, R. Tettamenti, V. Thompson, A. Tufró, R. Urzúa y G. Wernicke. Este primer curso significó, en nuestro país, la iniciación de la anestesiología moderna como especialidad con dedicación exclusiva. De los veintisiete inscriptos, tan sólo nueve continuaron en la especialidad llegando a ser distinguidos anestesiólogos. Fueron E. de la Vega, J.C. Delorme, L. Feldman, E. Frias Meneses, R. Goyenechea, J.M. Márquez Miranda, J.A. Nesi, J. M. Perette, G. Wernicke.

Y ese mismo año José C. Delorme publicó un trabajo sobre la "Intubación traqueal", en la Revista Latinoamericana, donde dice: "La intubación traqueal se utiliza en la actualidad para tratar las obstrucciones respiratorias, para controlar la presión intrapulmonar en cirugía torácica y para mantener libre el aparato respiratorio de sangre y secreciones durante las intervenciones en la boca y nariz".

En el año 1949, en el Instituto de Cirugía de Haedo, Aranés inauguró el 1° Curso Universitario de Anestesiología, con duración del 1 año, siendo los inscriptos los siguientes médicos: L. Cooper, V. Costa, H. del Castillo, J.C. Delorme, J. Delgado Games, R.O. Elder, V. Hansen, F. Kleiman, R. Milani, F. Molina, J.A. Nesi, F. Nesi, J. Nieto, I. Nunziata, F. Orduma, E. Pedreira, H. Rojkind, S. Rozenblum, L. Santugini, H.H. Vásquez y F. Wrigh.

El pentothal® sódico, en nuestro país, desplazó al Evipan® sódico y al Hidrato de Cloral que ya significaban una poderosa ayuda facilitando la inducción anestésica, pero que tenían otros inconvenientes como la depresión respiratoria.

En 1939 este barbitúrico de acción hipnótica importante y reducido poder analgésico, fue introducido por Leslie Cooper y Alberto Daniel, (publicado en La Semana Médica) y usado inicialmente en el Hospital Británico de Buenos Aires, y difundido rápidamente con éxito, para la inducción anestésica en nuestro país.
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