Reseña Histórica de la Anestesia en Costa Rica
La Lucha Contra el Dolor

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La lucha del hombre contra el dolor ha sido constante y milenaria y los aborígenes de América no han escapado a los ritos ancestrales para su control.

En Costa Rica, por ejemplo, "cuando un Sukia o hechicero es llamado para curar a un enfermo (dice el doctor Edgar Cabezas Solera en su obra La Medicina en Costa Rica hasta 1900, Ed. Nacional de Salud y Seguridad Social, San José 1990), se les deja solos en el rancho y el resto de los familiares deben retirarse un poco. Entonces el Sukia se informa pormenorizadamente de las dolencias que aquejan al individuo, y pasa un largo rato en profunda meditación fumando tabaco en su pipa. Después murmura una recitación que abunda en frases simbólicas y conjuraciones a "Sibú", su dios, su Gran Espíritu. Luego siguen unos cantos monótonos, recitados con lentitud. Todas estas invocaciones tienden a pedir a sus dioses que repelan los malos espíritus de que ha sido poseído el enfermo."

"Los Sukias consideran las enfermedades como males psíquicos, no como estados patológicos y, desde luego, para curarse deben ser repelidas esas enfermedades también por actos que abunden en hechicerías, exorcismos e imprecaciones."

"En estas ceremonias y para impresionar al paciente, el Sukia afecta, en el momento que sigue al de la meditación, una exaltación que raya en paroxismo, acompañado de gritos y gesticulaciones estrambóticas hasta el agotamiento. Es precisamente en este instante cuando pretenden estar en comunicación directa con los espíritus divinos, en calidad de intermediarios entre el enfermo y las fuerzas ocultas, las que habrán de inspirar el diagnóstico preciso y un plan efectivo para las curaciones. En algunos casos, durante la meditación, queman algunas plantas resínosas y aromáticas."

"Algunos Sukias, en el momento de la recitación y de los cantos, hacen sonar constantemente y obedeciendo a un ritmo pausado, una pequeña maraca o chilindrín, generalmente hecha de un calabazo o de arcilla. Otros usan un tambor hecho de un tronco de madera hueco, con una de las bocas tapadas con piel seca de iguana. Parece que estos cánticos, así como la música de las maracas y el tambor, son excepcionalmente favorables para lograr su comunicación con el más allá. Es en estos momentos, cuando con gran respeto y veneración, sacan una piedra divinatoria de su mochila y, frotándola entre las manos, le rezan una oración. Luego soplan sobre ella para ver que interpretación habrá de vaticinar."

Como hemos visto, a través de lo que el doctor Cabezas Solera nos relata, nuestros hechiceros o Sukias todavía conservan muchas de las costumbres de las tribus primitivas.

Por esa misma época (1532), cuando Francisco Pizarro tomaba prisionero al Jefe de los Incas, el Emperador Atahualpa, los aborígenes de América utilizaban el tabaco y la coca, unas veces como estimulante y otras para aliviar el dolor.

Los Incas le atribuían propiedades sobrenaturales a la coca. Al masticar sus hojas, los sujetos experimentaban una disminución de la fatiga y aumento de la capacidad de trabajo muscular (cuyos efectos sabemos son exclusivamente de origen cortical), lo cual les permitía trabajar largas jornadas sin sentir cansancio.

El uso del tabaco correspondía principalmente a los sacerdotes-médicos (los Sukias), quienes se servían de él fumándolo en determinadas actuaciones de carácter religioso y para realizar ciertas curaciones. Otros indígenas lo usaban como sedante. Nos relatan algunos cronistas que el fumar les servía también como estimulante, para reducir los tormentos de la fatiga y del hambre cuando emprendían largos viajes.

Como podemos ver, antes de que la alquimia llegara a triunfar sobre el dolor, los conocimientos del hombre eran tan rudimentarios que, para combatirlo, tenía que acudir a la hechicería, a polvos secretos, al uso de amuletos, a masticar hojas de coca, a fumar tabaco, o a ingerir licor.
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