| Reseña Histórica de la Anestesia en Costa Rica Los Primeros Anestesiólogos |
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Antes de 1942, como ya lo explicamos, en Costa Rica no había médicos "especializados" en anestesiología. Varios colegas, junto con algunas religiosas, enfermeras y técnicos, tenían a su cargo las anestesias, pero ninguno de ellos ostentaba un título; fue el doctor Gonzalo Vargas Aguilar el primero en abrazar esta disciplina médica. Vargas Aguilar se graduó en Bruselas en 1933, y el 5 de diciembre de ese mismo año se incorporó al Colegio de Médicos y Cirujanos. Trabajó en el San Juan de Dios como médico general hasta 1940 y, al iniciarse el año 41, tomó la decisión de irse al Memorial Hospital de Nueva York a especializarse en Anestesiología. A su regreso, en 1942, se convirtió en "el primer costarricense" especializado en esta rama de la medicina. "Varguitas", como cariñosamente le han llamado los colegas debido a su baja estatura, consiguió que el Hospital importara las primeras máquinas de anestesia, sin las cuales hubiera sido imposible administrar gases. Se compraron dos máquinas Ohio-Heidbrink, las cuales, en 1980, todavía seguían prestando servicios. Por cierto, esas máquinas tenían, además de los flujómetros para oxígeno y óxido nitroso, medidores para etileno y ciclopropano, ambos agentes explosivos. Las máquinas de anestesia que llegaron diez años después, (de la marca Foregger), ya no traían el "yugo" o sostén para colocar el cilindro de etileno, pues este agente, por se altamente explosivo, había sido descontinuado. Y aunque las máquinas Foregger eran más modernas que las compradas en 1942, todavía no tenían los "índices de pines" que aparecieron posteriormente, para evitar que accidentalmente se pudiera colocar un cilindro con otro gas en el yugo correspondiente al cilindro de oxígeno. En cuanto a las "máquinas de anestesia", tema que nos parece muy interesante por la extraordinaria transformación que han tenido estos aparatos, haremos un amplio comentario más adelante. Pese a que con las máquinas de anestesia pedidas por Vargas se podían administrar gases como el óxido nitroso y el ciclopropano (además de éter), como aún no se conocían los músculos-relajantes, (recordemos que fueron Harold Griffith y Enid Johnson, en Montreal, Canadá, quienes en 1942 utilizaron por primera vez "curare" durante una anestesia quirúrgica), los pacientes anestesiados seguían respirando en forma espontánea durante toda la operación; si acaso se profundizaba la anestesia, para oxigenar bien al enfermo, se presionaba con la mano la bolsa de reinhalación (siguiendo el ritmo respiratorio), y así aumentar la incursión respiratoria. Si bien la anestesia raquídea tenía muchos años de emplearse en Costa Rica (desde diciembre de 1909), fue Vargas Aguilar quien impulsó la "raquia continua", utilizando para ello la aguja maleable de Lemmon. Es importante advertir que ni las religiosas ni las enfermeras "ponían" anestesias espinales. Este procedimiento estaba reservado para los médicos y los técnicos como don Manuel Brenes y Gonzalo Arce, quienes conocían y dominaban el procedimiento. Siendo tan poca la diferencia que existe (desde el punto de vista técnico), entre una raquia simple y una contínua, muy pronto esta última se empezó a aplicar con más frecuencia. La raquia simple (o de una sola dosis), permite una anestesia de una y media a dos horas de duración, mientras que la continua o fraccionada, no tiene límite de tiempo. En laparotomías en que de antemano se sabía durarían más de dos horas, o en intervenciones en las que no podía precisarse el tiempo, la "raquia contínua" resultaba ideal. El doctor Vargas Aguilar introdujo también la intubación endotraqueal en el país. Para ello utilizaba el laringoscopio de Guedel (de hoja recta), y los tubos de MacGill. Pese a lo novedoso del procedimiento, la intubación endotraqueal no se generalizó durante varios años. En primer lugar había que vencer viejas costumbres; por otra parte, como las monjitas y las enfermeras no conocían la técnica, no se atrevían a utilizar el procedimiento. Además, recordemos que sólo había dos máquinas de anestesia y, como los músculo-relajantes llegaron a Costa Rica al finalizar la década de los cuarenta, la intubación no era fácil y segura que es hoy; pero lo más importante, y que limitaba que el procedimiento se generalizara, es que el laringoscopio que había traído Vargas de los Estados Unidos, era el único que existía en el país. En 1943, al contar el San Juan de Dios con un médico preparado en esta especialidad, se creó el Servicio de Anestesiología y se nombró, como primer Jefe, al doctor Gonzalo Vargas Aguilar. En esa forma don Gonzalo resultó ser Jefe de un Servicio formado inicialmente por religiosas, enfermeras y técnicos, pero en el que el único médico era él. A partir de diciembre de 1948, en que el doctor Sotela concursó para ocupar la plaza de Asistente de esa unidad, ésta contó con dos médicos: uno especializado, y el otro por especializarse. Después de veinte años de desempeñar la Jefatura del Servicio, a fines de 1963, Vargas se trasladó al Hospital Calderón Guardia. Ingresó a ese Centro como Asistente, y allí se encontró con los doctores Roberto Rodríguez Ramírez, Jorge Arturo Monge Zamora y Guy Greenwood Quirós. Poco después se incorporó a ese grupo el doctor Alvaro Castro Villanea, y con ellos continuó trabajando hasta 1969, año en que, junto con algunos de los médicos aquí nombrados, se trasladó al Hospital México. En 1974, estando en el Hospital México, se acogió a la pensión. Desde entonces se ha dedicado a la homeopatía con gran éxito. A fines de 1947, procedente de la Universidad Nacional Autónoma de México, llegó a Costa Rica el doctor José Enrique Sotela, quien se incorporó al San Juan de Dios. Como los médicos que ingresaban al Hospital en aquellos días tenían que rotar durante un año por todos los servicios (Año de Internado), en determinado momento (y esto decidió su futuro), le correspondió "pasar" por Anestesia. Para que tengan una idea de cómo eran las cosas entonces, y aunque parezca increíble, quiero relatar lo siguiente: veinticuatro horas antes de que empezara su rotación por Anestesia, Sotela buscó al colega que acababa de cumplir con esa labor, para que le explicara "cómo se da una anestesia". Y el colega en cuestión, mientras caminaban por uno de los pasillos, le dijo: "Empezás a gotear el éter lentamente. Al principio vas a ver que el enfermo forcejea, que su respiración se vuelve entrecortada como evitando respirar; pero cuando deja de luchar y su respiración se vuelve rítmica, como la de una maquinita, es que está dormido". Concluida esa maravillosa, extensa, magistral, y académica explicación, el colega dio la vuelta y se alejó por otro zaguán. Con aquella "lección", la única que tuvo, Sotela empezó a trabajar al día siguiente en el Servicio de Anestesia. Como el doctor Sotela había dedicado su primer año de trabajo hospitalario a dar anestesias, en diciembre de 1948, al terminar el Internado, concursó para asistente del Servicio de Anestesia. Por cierto, en esa ocasión presentó (certificadas por el Departamento de Estadística del Hospital San Juan de Dios), más de mil anestesias administradas durante el año 48. Posteriormente, en abril de 1950, ascendió a Jefe de Clínica. El doctor Vega, Jefe del Servicio de Cirugía, mostró en todo momento un especial interés por los médicos que trabajaban con él: tenía un trato paternal que todos supieron apreciar y aquilatar. Siempre estaba dispuesto a orientar o ayudar al médico joven y, con tono amable, con calor humano, le llamaba la atención o le daba algún consejo. Fue así como, en cierta ocasión, le sugirió a Sotela que se fuera a especializar. "Si a usted le interesa la anestesia, le dijo, y piensa continuar en esa actividad, lo mejor que puede hacer es prepararse bien. ¿Por qué no se va al extranjero y toma un curso en debida forma?" El doctor Sotela aceptó el reto, y en diciembre de 1950 se trasladó a México. Ingresó al Sanatorio Español de aquella ciudad y, bajo la dirección del doctor Abel Morales Oribe (de grata memoria), permaneció en ese Sanatorio todo el año cincuenta y uno. A su regreso, en enero del 52, se convirtió en el segundo costarricense especializado en anestesiología. Con el doctor Andrés Vesalio Guzmán, Sotela participó en muchas intervenciones de cirugía cardíaca. Aún conserva la hoja de anestesia de la "primera operación de corazón" efectuada por el doctor Guzmán el 27 de mayo de 1952, a una paciente llamada Margarita Calibá Alfaro, de 26 años, hospitalizada en el Servicio Barrionuevo, la cual sufría una estenosis mitral. La intervención consistió en una comisurotomía cerrada, para lo cual introdujo el dedo índice por la orejuela de la aurícula izquierda. Recuerdo que, para tener el tacto más fino y preciso, y aprovechar la uña del índice como instrumento disecante, el doctor Guzmán se quitó los guantes. La paciente evolucionó muy bien. Hay otras para mencionar: 15 de enero de 1954. Se opera en el San Juan de Dios el primer caso de Tetralogía de Fallot. La paciente era una niña de 5 años de edad, Ana Eugenia Quesada Pérez, con expediente número 18.826. La intervención estuvo a cargo de los doctores Andrés Vesalio Guzmán, Jorge Vega, Carlos Manuel Trejos, Esteban López y Carlos Arrea. Como anestesistas participaron los doctores José Enrique Sotela y Francisco Drexler Meza. La enfermita evolucionó muy bien. 18 de mayo de 1954. Se operó en el San Juan de Dios el primer caso de Tetralogía de Fallot "con hipotermia". La paciente, Luz Marina Madrigal Chavarría, una niña de 11 años de edad y con expediente No. 9.900, fue intervenida exitosamente por los doctores Andrés Vesalio Guzmán, Jorge Vega, Roberto Ortíz Brenes, Esteban López Varela y Carlos Manuel Trejos Flores. La anestesia estuvo a cargo de los doctores José Enrique Sotela y Carlos Arrea Baixench. Invitado por el Colegio de Médicos y Cirujanos llegó al país, en noviembre de 1959, el doctor Henry Swan, profesor y Chairman de la Universidad de Colorado, acompañado del doctor Robert Virtue, Jefe del Departamento de Anestesiología de dicha Universidad. Quienes hicieron demostraciones en el Hospital de San Juan de Dios. Por falta de recursos, y debido a numerosos obstáculos que se interponían para realizar la cirugía cardíaca a cielo abierto, el doctor Andrés Vesalio Guzmán decidió construir "el primer aparato" de circulación extracorpórea que se utilizó en el país, y con él empezó a realizar estas operaciones. Personalmente, y contando con la ayuda de don Enrique Amador, Jefe del Taller del San Juan de Dios, construyó el primer "corazón-pulmón", el cual prestó servicios durante varios años. |
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