Reseña Histórica de la Anestesia en Costa Rica
Los Relajantes Musculares

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Ciertamente en 1947 ya se conocían en Costa Rica los relajantes musculares; pero debido a la falta de máquinas de anestesia sin las cuales era imposible asistir la respiración del paciente, sólo el doctor Vargas Aguilar los empleaba. El relajante preferido era el "Cloruro de d-Tubocurarina", que la casa Squibb lo fabricaba con el nombre de "Intocostrín". Ustedes comprenderán que las monjitas, así como las enfermeras y los técnicos, que sólo utilizaban el método "gota a gota" o la mascarilla de Ombredanne, no podían inyectar ningún relajante muscular. Lo cierto es que la mayoría de los cirujanos, al no poder disfrutar de las ventajas de esta droga, continuaron luchando con los "pujidos" del enfermo cada vez que efectuaban una laparotomía.

A mediados de 1952, después que Sotela se reincorporó al San Juan de Dios, y cuando el Hospital contaba con un importante número de máquinas de anestesia (como ya lo expliqué), pero sobretodo después que el personal aprendió a manejarlas y a dominar la técnica de intubación endotraqueal, el uso de los músculo-relajantes fue cosa común y corriente, cambiando radicalmente el panorama de "la cirugía abdominal" que hasta entonces se practicaba. A partir de ese momento "la suela de Reverdán", tan útil durante cincuenta años, pasó a formar parte del baúl de los recuerdos.
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