Historia de la Anestesia en Cuba
Introducción del Uso de la Anestesia Quirúrgica: Eter

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El descubrimiento de la anestesia y su primera aplicación en Cuba, a pesar de estarse editando una revista médica, "El Observador Habanero", fue dada a conocer al cuerpo médico en un diario informativo de la capital. El sábado 26 de diciembre de 1846, en el "Diario de la Habana", entre las noticias diversas, una nota titulada "Sustituto para el mesmerismo", ofrecía la información del descubrimiento de un método para mitigar el dolor mediante la inspiración de cierto gas... "el cual parece demostrar que es un admirable sustituto para la fastidiosa operación de magnetizar, a fin de hacer ciertas operaciones quirúrgicas".

El 15 de marzo de 1847, en el propio Diario, Vicente Antonio de Castro da a conocer a sus compañeros y al público en general, haber hecho uso, por primera vez en Cuba, de las inspiraciones del éter, correspondiéndole así la gloria imperecedera de haber sido quien la introdujo en nuestra práctica quirúrgica, y que propagara su uso entre los cirujanos, brindándoles a sus compañeros el aparato para administrarla y cuantas nociones desearen en la materia para así aliviar a sus semejantes. Fue también el primero que las hiciera inhalar a alumnos de medicina, con el propósito de conocer sus efectos, y el primer constructor de aparatos para aplicar anestesia. Dice así el doctor De Castro:

Aplicación del éter en la cirugía.

A las 7 a.m. del 11 de marzo se presentó en la clínica del Hospital San Juan de Dios, un caballero bastante decente aunque pobre, para que le operase dos hidroceles de 18 años de fecha, usando de las aspiraciones del éter. Le reconocí detenidamente con el Dr. Esteban González del Valle y viendo que no había contraindicación, que el sujeto se había adictado y temperado días antes, resolvimos operarle conforme a sus deseos. Se le hizo aspirar el éter, y cuando perdió la sensibilidad a los 5 minutos, pero no el conocimiento, introduje un trócar en el lado peor, que era el izquierdo, pues estaba complicado el mal de la túnica con el tejido celular sub-fibroso; se extrajo la serosidad y se vio que existía un quiste en la parte superior; sepulté de nuevo el trócar en aquel quiste sin quitar la cánula de su sitio, así que salió la serosidad le inyecté yodo. El enfermo no sintió nada absolutamente. Hice quitar el aparato de la boca y puncé el lado derecho; salió la serosidad en abundancia y nada de sensibilidad hubo, pero al comienzo de la segunda inyección dijo el paciente que le dolía un poco, apliqué de nuevo el éter y todo dolor desapareció, hasta dejar la operación concluida.

Hubo un numeroso concurso en el cual se encontraba el Dr. Sánchez, que me pidió delante de todos no olvidara citarle como testigo de la certeza de todo lo expuesto, y también estaba el Sr. Mas, y el Dr. Del Valle que me acompañó en la operación.

Acto continuo pregunté si entre los entusiastas y brillantes discípulos de medicina había alguno que quisiera inspirar el éter y nos diera cuenta exacta de lo que sufriese. Se presentó el Sr. de Benítez y hubo lo siguiente: a la primera aspiración tos ligera; en las dos siguientes, esfuerzos incompletos para toser, al minuto sueño completo e insensibilidad absoluta. Se le pellizcó duramente, se le punzó con alfileres en muchos puntos, hasta hacerle sangre y siempre insensible. Quitose el aparato y hasta que no se le hizo aire con el pañuelo no volvió en sí, diciendo, QUE QUERIA DORMIR Y QUE ESTABA MUY TRANQUILO, y fue necesario hacerle tocar la sangre que le salió y viera las picaduras para convencerle de que le habían punzado. No daba más explicaciones de sus impresiones que la tos y el sueño.

De estos hechos deducimos lo siguiente:

Primero: Que mi máquina de hoja de lata llena tan bien las indicaciones, como la mejor que pueda inventarse o venir de Europa. Su único defecto es la falta de lujo.

Segundo: Que el éter inspirado suspende la sensación táctil y embriaga. Pero, sucederá lo mismo en todos los casos? No lo creemos, antes estamos persuadidos de que una que otra vez, excitará el sistema nervioso y quizás exagere la acción sensitiva. Esto dependerá de la constitución de las personas. Pero cuando se advierte dicho fenómeno, se suspende la operación.

Tercero: Que puede usarse impunemente de las aspiraciones etéreas siempre que no haya padecimiento cerebral ni pulmonar.

Cuarto: Que la prudencia aconseja no emplearlo en las operaciones de parto, sino cuando no se teme la inercia de la matriz.

Si nuevos hechos favorables o contradictorios se presentaren, lo comunicaremos con fidelidad. Es una cuestión que interesa a todo el género humano, a cuyo alivio he dedicado mi existencia.

Vicente A. de Castro.

Este trabajo científico, el primer artículo original propio sobre anestesia, revela que Castro no hizo un uso accidental del descubrimiento, sino en la medida de sus posibilidades, conocía todo cuanto se relacionaba con este problema, y que no bastándole esa experiencia ajena, decidió por su propia cuenta formular opiniones, que denotan una clara intuición clínica de su parte, como es señalar la excitación nerviosa que puede producir y su mas importante contraindicación: la de las enfermedades de las vías respiratorias.

Una modalidad de su carácter hizo que a Vicente Antonio de Castro, le cupiese el honor de haber sido el primero en Cuba y en Hispanoamérica que hiciera uso del gran descubrimiento de Morton. Cuentan sus biógrafos que le criticaban a Castro que siempre perteneciera a la última opinión emitida, y aunque lo consideran injusto y se aprestan a defenderlo, debemos admitir que esta inquietud por lo nuevo fue lo que le llevó a convertirse en una gloria de la Medicina Americana. Su audaz hazaña de introducir y propagar el uso de la anestesia quirúrgica, cinco meses después de haberse descubierto en Boston y sólo unos 80 días después de estarse usando en Europa, indican clarísimo talento y espíritu de constante progreso, más aun si tenemos en cuenta que se hizo solo. En su constante deseo de dar solidez a sus conocimientos y ávido de saber, estudió los idiomas francés e inglés para conocer todas las obras que se escribían en el extranjero sobre Medicina.

La aplicación de la anestesia, así como sus proezas quirúrgicas, las realizó en el Hospital San Juan de Dios, antiguo Hospital Militar, primero construido en Cuba en 1568, donde además profesó cursos públicos y gratuitos de Anatomía Descriptiva. Reconocido por todos como uno de los que más contribuyeron al adelanto de la Medicina en Cuba y le proporcionara días de gloria al Claustro Médico, porque constituía un profesor sagaz y observador, no ha recibido, sin embargo, el testimonio de las generaciones posteriores por esta grande hazaña tan valiosa, quizás mas que la de haber fundado las clínicas médicas y haber demostrado la importancia de la Anatomía Patológica.

Durante todo el año de 1847 se usa en casi todas las intervenciones quirúrgicas la anestesia por el éter. El Diario de la Habana recoge informaciones extranjeras y la correspondencia que envían los médicos reportando los casos e informando de los resultados en que se ha utilizado la anestesia. Así, el 31 de marzo, es el propio doctor Castro quien da a conocer el aparato para las inhalaciones de éter de Charrière y el 13 de noviembre practica la primera amputación con anestesia.

El doctor Fernando González del Valle cuenta del primer fracaso en anestesia a un enfermo, al cual se le estuvo inhalando éter en gran cantidad por espacio de seis minutos con el aparato de Jackson, y el doctor Priu hace la recomendación de usar la asociación de morfina y éter.

Desde ahora el nombre de Vicente Antonio de Castro deberá figurar en los fastos de la historia médica cubana, junto al de González Alamo, fundador de la enseñanza médica; Tomás Romay, introductor de la vacuna antivariolosa; Nicolás J. Gutiérrez fundador de la Prensa Médica y de la Academia de Ciencias Médicas; Fernando González del Valle, creador de la cátedra de Cirugía y Angel José Cowley, el adalid de la organización sanitaria cubana.
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