Historia de la Anestesia en Cuba
Uso de la Anestesia por Cloroformo

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En un memorándum titulado "Noticias concernientes a la Historia de la Medicina en La Habana", remitido por el doctor Nicolás J. Gutiérrez, en 1888, 40 años después, a la Academia de Ciencias Médicas, da cuenta, entre sus contribuciones originales - sin señalar la fecha - la de haber sido el primero que empleó la anestesia por inhalación de cloroformo, obtenido por el doctor Luis Le Riverend, para la ablación de un cáncer en el pecho a la cuñada del Conde de Fernandina. Algunos historiadores la fijan en 1851; sin embargo nuestras investigaciones nos llevan a afirmar que la aplicación tuvo lugar entre el 26 de enero y el 13 de febrero de 1848.

No existe en la literatura médica ni en los diarios de la época, informes de esta operación. Quizás el doctor Gutiérrez, por tratarse de una persona prominente, omitió el dar a conocer públicamente el reporte del caso, lo que explica que cuarenta años más tarde, cuando cesaron los motivos que le impidieron hacerlo, brinde la noticia con el nombre de la paciente, como garantía de veracidad, para salvar a la historia lo valedero de su aporte. Y tanto es así que el 19 de mayo de 1848, en una comunicación sobre una amputación realizada bajo anestesia con cloroformo, expresa:

" Una señora a quien hice aspirar el cloroformo para la extirpación de un tumor de uno de los pechos, dio algunos quejidos y articuló algunas palabras; sin embargo, dijo después que no había experimentado dolor alguno, y que recordaba solamente haber sufrido el disgusto o angustia que experimentan los que están bajo la influencia de una pesadilla"

Esto nos hace suponer que es el caso que refiere el primero en que se hizo inhalar cloroformo para producir anestesia.

El 23 de enero el doctor Luis Le Riverend obtiene el cloroformo, y el 26 entrega a Gutiérrez una porción para que lo use en el primer caso que se le presente y el 13 de febrero se manifiesta en el Diario de La Habana, que se ha comenzado a usar el cloroformo en esta ciudad. De ahí que afirmemos que en este lapso de tiempo tuvo lugar la primera aplicación del cloroformo, es decir, tres meses después de que Sir James Young Simpson la dio a conocer a la Sociedad Médico Quirúrgica de Edimburgo.

La descripción de la anestesia por cloroformo, se hace por primera vez por Ramón Zambrana, cuando da a conocer la ligadura de la arteria femoral derecha, practicada por José Atanasio Valdés el 8 de marzo de 1848, en los siguientes términos:

"Pero hay más en este brillante caso de nuestras glorias médicas. El cloroformo aplicado al paciente produjo en cortos momentos la insensibilidad de todo el cuerpo, y en vez de aquel exhalar ayes lastimeros mientras se operaba, prorrumpió en cantos alegres, pero sin la exageración del delirio exaltado. El cloroformo produjo sin duda una embriaguez análoga a la que ocasionan algunas plantas de las familias de las solanáceas. El enfermo, repito, no experimentó ningún dolor, no tuvo conciencia de la operación hasta que pasados algunos instantes de quitado el cloroformo de las narices, se disipó la acción de este agente precioso, inapreciable, y entonces sólo percibió un ardor insignificante."

La primera observación de muerte por cloroformo, la hace el doctor Gutiérrez, y afirma que no debe colocarse en el número de las que han tenido lugar en el extranjero sin que se noten las circunstancias que le acompañaron. Veamos el caso:

"... y se le hizo inhalar cloroformo; antes de dos minutos estaba en un completo estado de insensibilidad en el cual permaneció durante casi toda la operación, y sólo al ligar las arterias dio algunos quejidos y profirió algunas palabras. El encargado de aplicarle este líquido volvió a hacérsele respirar repitiéndose el estado de estupor, pero entonces el pulso se fue perdiendo, el cutis se enfrió, el semblante, antes pálido y cárdeno alrededor de los párpados y otros puntos por efecto de la caída se desfiguró mas y se puso más lívido; la respiración se hacía lentamente y con trabajo y la entrada del aire por las fosas nasales, dilatadas sus aberturas por la separación exagerada de las alas de la nariz, como se verifica en los que sufren el asma, se hacía con fuerte silbido; cóncavas las sienes y cubierta de sudor la frente, el enfermo parecía estar en los últimos momentos de su existencia... Un poco de amoníaco aplicado a la nariz reanimó algo al enfermo, abrió los ojos, respiró mejor y quiso articular algunas palabras, pero volvió a caer prontamente en el estado anterior, sin que la continuación del álcali respirado y frotado en la región precordial, las friegas secas en el cuerpo, los epipásticos, el calor en la extremidad sana, el martillo de Mr. Martin y algunas pequeñas cucharadas de vino y cordiales que pudo tragar con algún trabajo produjesen resultado alguno, falleciendo como una hora después de operado...

Este caso desgraciado no puede servir de motivo para desistir del uso del cloroformo, privando así a los pacientes y a la cirugía de un método precioso, que bajo ciertas reglas y preceptos, con algunas excepciones que el estudio y la práctica vayan enseñando, dará en lo adelante brillante resultado."

Entre los operados con anestesia por el éter no figura ninguno del doctor Nicolás J. Gutiérrez; en cambio, entre los del cloroformo está la ligadura de la arteria ilíaca externa izquierda, ejecutada el 7 de abril de 1848, por el doctor Castro, lo que ratifica nuestra opinión de que Castro tenía una mente abierta a toda innovación. Al doctor Gutiérrez le merecía mas confianza el cloroformo porque era un descubrimiento europeo.

Desde 1848 hasta 1916, el anestésico preferido fue el cloroformo. La influencia de la medicina europea y muy especialmente la francesa, era decisiva entre nosotros. Gutiérrez abrió la inmigración hacia Francia y su ejemplo fue imitado por las generaciones médicas que le siguieron. Unos a perfeccionar sus estudios y otros a cursar su carrera en París. De Francia salieron los textos que estudiaron aquí y allá nuestros médicos. Así se explica que el cloroformo haya mantenido por tanto tiempo su hegemonía, porque Francia lo siguió prefiriendo y sólo en las postrimerías del siglo XIX empieza a ser atacado por aquellos que se educaron en los Estados Unidos, entre ellos Carlos J. Finlay, quien practicó la oftalmología antes de dedicar su vida al descubrimiento de comprobar que el mosquito era el agente trasmisor de la fiebre amarilla. Findlay se pronuncia siempre a favor de éter y afirma que no administra cloroformo mas que cuando es absolutamente indispensable, y para apoyar se tesis declara en 1884 que en los Estados Unidos, Inglaterra y Alemania se usa más el éter que el cloroformo y sólo en Francia se da preferencia al último.
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