Historia de la Anestesia en Paraguay

COMISION DE HISTORIA |APENDICE |
Ludgarda Sanabria Ortiz

Daré un bosquejo histórico de la medicina en el Paraguay, ya que la ANESTESIOLOGIA, se desarrolló paralelo a las otras especialidades sobre todo quirúrgicas. El tema es arduo, pero atrayente, con esa atracción propia de las cosas vírgenes y bellas. Tiene además, el valor de lo científico, que no reconoce fronteras. La historia de la Medicina, es la lucha del hombre contra la muerte y el dolor, éste último ocupa un sitio relevante en el tema, motivo de nuestro estudio. Es una historia noble, profundamente humana, en la que el amor y la abnegación corren parejas con las más puras ambiciones.

De los primitivos habitantes del Paraguay, solamente nos detendremos en los Guaraníes, pueblo muy numeroso cuyo idioma y costumbres se extendieron por más de la mitad del continente sudamericano. Fueron ellos los únicos que se mezclaron con el europeo conquistador, forjando así la nueva raza que hoy define la República del Paraguay. Tenían los Guaraníes una medicina de carácter mágico-religioso. Consideraban la enfermedad como una venganza de los espíritus maléficos. Por ello, sus médicos eran los mismos hechiceros, hombres o mujeres que se decían estar en comunicación con las fuerzas ocultas determinantes del bien y del mal. Estos médicos hechiceros llamados Pajes, no se formaban en ninguna escuela, nacían espontáneamente. Era Paje todo aquel que demostrara poseer facultades extraordinarias, sobrenaturales, como la clarividencia o la curación milagrosa. La magia coloreaba sus procedimientos terapéuticos. De estos, el más importante consistía en succionar la parte afectada, chupaba el hechicero fuertemente; y esto lo repetía entre ascos y visajes, representando una impresionante pantomima. Prácticas rituales de los Guaraníes eran también el soplo, la fumigación, las escarificaciones y la sangría. Esta última la efectuaban con el punzón de la raya. Sangraban las venas de la cabeza, del codo o de la pantorrilla según pretendieran curar cefaleas, fiebres, etc. Las heridas solían fumigarlas con humo de tabaco que el exorcista expelía con fuerza a través de un cañuto de bambú. Tales prácticas, especialmente aquellas en que se hacía correr sangre: reconocían un fondo místico, esotérico. Más no se crea por esto que la terapéutica indígena fuese puramente síquica. El conocimiento de la naturaleza, en particular de la botánica, les llevó a experimentar las propiedades tónicas vermífugas, purgantes, diuréticos, eméticos y anestésicos de muchas plantas que hoy figuran en la farmacopea universal: Jaborandí, Quenopodio, Jalapa, Curare, Copaiba, Tolú, etc. Sin embargo el uso de tales medicamentos no era monopolio de clase alguna. Parece que no había personas encargadas particularmente de su prescripción. Quien más, quien menos, echaba mano de ellos según su propio entender. Por eso al recordar aquí a los médicos Guaraníes, solo podemos individualizar a los Pajes, a los primitivos hechiceros precursores de nuestros actuales curanderos y científicos psicoterapeutas. El Paje debía morir si moría el paciente.

Con los conquistadores llegaron al Paraguay los primeros galenos europeos. Esto acaeció al principio del siglo XVI. En las capitulaciones que los adelantados fijaban con el rey, solía haber una cláusula por la que aquellos se obligaban a traer consigo médicos y cirujanos, boticarios y medicinas, con los que se atenderían gratuitamente a los enfermos que hubiese, ya durante la travesía oceánica, ya en las tierras por conquistar.

En un comienzo fueron los cirujanos y no los titulados, con diplomas universitarios, sino simples barberos que lo mismo sabían sangrar que afeitar, sacar muelas o poner ventosas. Más tarde, ya en las postrimerías del siglo XVI, principió a ejercer tal cual médico cirujano graduado. Lo que hoy denominamos disentería, viruela, paludismo y avitaminosis, que fueron probablemente las afecciones médicas más comunes de la época, se trataban, sobre todo, con purgantes, sangrías y ventosas. Y esta terapéutica era del dominio quirúrgico, como lo era, y aún es, el tratamiento de las tan frecuentes heridas, fracturas, luxaciones y abscesos. De modo que al fin de cuentas, fueron los cirujanos, o para ser más exactos, los barberos los que practicaron la medicina en la conquista del Paraguay. No se menciona anestésicos como tal en esta etapa. Su labor habitual consistía en entablillar huesos fracturados, reducir dislocaciones, incidir abscesos, cauterizar heridas y amputar miembros gangrenosos. Como médico, sus remedios predilectos eran la purga y la sangría, verdaderas panaceas universales. Para el mal gálico tenía los ungüentos mercuriales o el guayacán. También recurría, en ocasiones al polvo de unicornio, al milagroso bezoar o a los mil y un brebajes, en los que nunca faltaban el vino y el aceite, puestos en boga por la Medicina del Renacimiento y barbero al fin, no dejaba de hacer la barba a sus parroquianos. Tras el empuje creador de la Conquista, cayó el Paraguay en un letargo secular. Malos gobernantes, fatalidad geográfica, etc. Esta decadencia política, que duró todo el siglo XVII y gran parte del XVIII también afectó a la medicina. El siglo XVII siglo de Descartes y Galileo, de Harvey y Sydenhan no cuenta en la Gobernación del Guairá sino con unos cuantos aficionados al arte de curar. Conspiraba también contra esta medicina oficial la popularidad de que gozaban ciertos curanderos indígenas. Manejaban estos y con éxito, muchos productos vegetales, como la ipecacuana, copaiba y quina, cuya eficacia terapéutica llegó a comprobarse hasta en Europa, poniendo en tela de juicio las sutiles sistematizaciones de yatrofísicos y yatroquímicos. Ignoramos el año en que se creó el Hospital de Españoles y Naturales, de que nos habla uno de los primeros cronistas del Paraguay. Lo más probable es que haya sido en 1.541, fecha en la que se constituyó Asunción en Ciudad y en la que una Real Cédula mandaba a los Virreyes, audiencia y Gobernadores que fundasen hospitales en los pueblos de Españoles e Indios. Durante el gobierno de Hernandarias el Obispo Fray Martín Ignacio de Loyola, (Franciscano, sobrino segundo de San Ignacio), erige el primer hospital en Asunción hacia 1.603. El médico italiano Lorenzo Minangliotti ejercía en Asunción hacia 1.605. El hospital se había puesto bajo la advocación de Santa Lucia por la frecuencia con que los conquistadores padecían del Mal de Ojos. Pero este primer hospital asunceno siguió la suerte adversa de la colonia, pues a mediados del siglo XVIII carecía la ciudad de una casa donde alojar a sus enfermos pobres. Hacia 1.760 fue construido un nuevo nosocomio gracias a la decisión de la Corte, que se opuso tenazmente a las pretensiones del Cabildo y del Obispo en el sentido de invertir las rentas del hospital en la creación de una universidad o convictorio dirigido por los Jesuitas. Restos de este hospital, que luego se llamó Potrero.

Los últimos años de la colonia fueron, muy provechosos para la sanidad nacional. La prosperidad económica del país atrajo a varios médicos europeos. Algunos eran cirujanos: no ya barberos, sino cirujanos con títulos universitarios. Unos y otros introdujeron al Paraguay las modernas ideas sobre la anatomía patológica y el diagnóstico clínico; individualizaron bien el tétano infantil, los exámenes agudos, las calenturas intermitentes, las sífilis, la tuberculosis pulmonar, la conjuntivitis epidémica, las disenterías y el tabardillo, y fueron también los primeros en usar el fórceps y en practicar intervenciones quirúrgicas atrevidas. Como no había boticarios en toda la Provincia, los mismos médicos preparaban sus cocimientos, unturas y bálsamos.

Las Misiones Jesuíticas del Paraguay tuvieron una medicina de características muy particulares cada una de las treinta reducciones o doctrinas contaba con un hospital, de ordinario pegado a la iglesia, en el que se amontonaban los enfermos en tiempos de epidemia. Allá iba el coadyutor médico, o a falta de este un enfermero llamado Curuzúya, con sus lancetas y pócimas. Los Jesuitas se preocuparon por la salud de los indios. Más tarde, trajeron de Europa muchos médicos, cirujanos y boticarios. Estos médicos observaron la riquísima flora del país, y con el criterio empírico de la época compusieron a modo de recetarios en los que apuntaron las múltiples propiedades terapéuticas de un gran número de plantas indígenas. Entre estas estaba el aguarayvá, del que se hacía el ponderado Bálsamo de las Misiones, maravilloso remedio que lo mismo curaba el pasmo, que la opilación o el tabardillo. De estos herbarios misioneros restan actualmente varios códices. El Padre Jesuita Segismundo de Asperger (1.687 - 1.771) médico y botánico, estudió las plantas medicinales del Paraguay y escribió un tratado de materia médica, inédito hasta hoy, pero mencionado por diversos autores. Murió en el Paraguay a los 112 años, después de la expulsión de los Jesuitas (1.768), fue el creador del famoso Bálsamo o Elixir de Misiones, preparado con aguarayva (gen. schinus, fam. terebentinaceas), usado un poco para toda clase de dolencia, especialmente heridas, granos, sarnas, etc. y que era enviado en cantidad a Europa. Los guaraníes tuvieron un profundo conocimiento de la flora e hicieron de ella una aplicación justa: Como Calmantes, Soporífero, Narcóticos (semilla de andaí - andagomessi, euforbiácea; cardosanto amarillo: adormidera - argemone mejicana papaverácea; curupay angico - piptadenia rígida). Calmantes, Antineurálgicos, Antiespasmódicos, dolores en general: Armi, Umbáru, Sooí , Malvácea; Colita: Tamana Kuná, Borraginácea. Con el siglo XIX arriban al Paraguay las avanzadas del racionalismo científico. En 1.826, el doctor Francia, primer Gobernador paraguayo que se interesa personalmente por la medicina, como médico que era, ordena el aislamiento de los leprosos en el pueblo de Yuty. Con Francia se inicia la intervención estatal en el ejercicio de la medicina, tendencia esta que hubo de culminar con el gobierno de Carlos A. López. En efecto, el Congreso de 1.844 por decreto del 16 de marzo de 1.844 dispuso la contratación de profesores extranjeros y el envío a Europa de jóvenes paraguayos para estudiar medicina, cirugía y obstetricia. En 1.849 en Paso de Patria funciona la primera Escuela Nacional organizada de enseñanza del arte de curar en nuestro país. El 15 de setiembre de 1.848 se firma en Río de Janeiro un contrato entre Juan Andrés Gelli, encargado de negocios del Paraguay en esa ciudad y Juan Federico Meister, Doctor en Medicina y Cirugía, natural de Alemania para trasladarse al Paraguay comprometiéndose a: Servir de médico y cirujano en el ejercito de la República, enseñar a los asistentes, etc. En 1.855 don Carlos A. López segundo Gobernador del Paraguay resuelve organizar la sanidad militar y la enseñanza del arte de curar sobre bases más firmes y comienza a contratar médicos ingleses; la enseñanza se realiza en el viejo Hospital Militar. Allí el doctor John Fox, cirujano, enseñaba anatomía, el farmacéutico George F. Mastermann enseñaba materia médica y microscopía, los doctores George Pegotlebarton, Guillermo Stewart, Frederick Shinner, cirujanos, enseñaban medicina y práctica de cirugía. Estos médicos contratados por el Estado, ingleses la mayor parte, constituyeron la sanidad militar y en 1.858 formaron una escuela de cirugía que hubo de prestar al país apreciables servicios por los muchos practicantes que de ella egresaron. Funcionaba esta escuela en el Hospital Potrero; allí se daban las clases, se practicaba la clínica y se hacía a hurtadillas una que otra anatomía. La guerra de 1.864 dio un duro golpe a esta que fue nuestra primera Escuela Médica Oficial, profesores y alumnos pasaron a ingresar los cuadros sanitarios del ejército, cumpliendo una patriótica labor, durante cinco años (1.864-1.870) en la encarnizada contienda de la Guerra de la Triple Alianza. El Doctor Skinner, cuando iba a amputar la pierna al general José E. Díaz, preguntó a éste si aceptaba el Cloroformo, a lo que respondió desdeñosamente, "corte sin temor ni contemplaciones, lo que deseo es que sea breve" (año 1.867). Probablemente se empezó con la anestesia gaseosa en este período. A partir de 1.870, la medicina se vivifica con el aporte de numerosos médicos europeos que vienen al heroico Paraguay, más en busca de aventuras que de fortuna. La Anestesia que ya se había comenzado a usar durante la Guerra de la Triple Alianza, se vulgariza. Hasta 1.870 la salud pública había sido atendida exclusivamente por el Estado. El 30 de agosto de 1.877 se constituye la primera comisión directiva que había de tomar a su cargo la organización y sostenimiento de un hospital de caridad. El local fue elegido el mismo viejo edificio donde había funcionado durante la guerra un hospital de sangre, que se hallaba ubicado en el solar que actualmente ocupa el Hospital Militar. La guerra de la Triple Alianza había dado un duro golpe a todo impulso empresarial. El 14 de octubre de 1.877 se inaugura el Hospital de Caridad. En 1.878 atendía treinta enfermos hospitalizados. El 11 de setiembre de 1.879 se entrega el Hospital a la Presidenta de la Sociedad de Beneficencia del Paraguay y el 04 de noviembre solicita la sociedad de Beneficencia a la Superiora de las Hermanas Francesas de Buenos Aires Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, la remisión de tres de ellas a fin de que se encarguen de la dirección del Hospital de Caridad (que luego en 1.925 se nacionaliza y en 1.927 pasa a ser dependencia de la Facultad de Ciencias Médicas).

En 1.890 marca una nueva etapa . Ocurre este año dos hechos transcendentales y son: la aparición de los primeros médicos paraguayos y la fundación de la Universidad Nacional. Los primeros médicos paraguayos se graduaron en Buenos Aires y Montevideo. Se abrió la Facultad de Medicina, esta primera facultad tuvo una existencia muy efímera, pues se disolvió a mediados de 1.891, por falta de alumnos, se reabrió en 1.898 para dar, seis años después la primera promoción de facultativos nacionales.

La Facultad de Medicina clausurada en 1.912. La nacionalización del Hospital de Clínicas se produjo en 1.915. Hospital Nacional (Segunda Etapa 1.915-1.927). La Facultad de Medicina fue reabierta por tercera vez en 1.918, se reorganizó y perfeccionó con la colaboración de ilustres profesores contratados de Europa. Tras la clausura se habían obtenido los servicios del Profesor Manuel Lefás, de París, para enseñanza de anatomía patológica y patología general, de Roquete Pintos de Río, para la cátedra de fisiología y del doctor Walter Capelle, de Berlín para clínica quirúrgica, el Profesor Charles André de Lion, clínica médica (1.923). Luego en 1.926 Charles A. Py, clínica quirúrgica, el Profesor Gabriel Delamare, clínica quirúrgica, y Luis Gery, anatomía patológica (1.926), Henry Roger de París.

Puede fijarse en 1.927 el punto de partida de la fase académica de nuestra medicina (clinización Hospital de Clínicas - Tercera etapa - 1.927). En 1.928 regresa el Dr. Py a Francia.

En 1.928 se vio por primera vez una aparato de anestesia Foregger, para anestesia con gases, ciclopropano y éter. Lo trajo el Profesor doctor Roberto Olmedo, profesor de ortopedia y traumatología a su regreso de los EE.UU. con el deseo de iniciar la anestesia gaseosa, como innovación debido a la necesidad para realizar sus operaciones. Aparte de ser el gas muy inflamable (ciclopropano) no hubo médicos que se interesaran por la especialidad, excepto él mismo, que fue el primero que practicó la anestesia con ciclopropano, se volvió al antiguo método de éter gota a gota, con máscara de Ombredanne.

En el año 1.932 comenzó la guerra del Chaco con Bolivia, otro golpe para nuestro país (1.932 - 1.935).

En 1.935 se fundó la Sociedad de Medicina y Cirugía del Paraguay.

En 1.936 se creó el Ministerio de Salud Pública y en 1.944 el Instituto de Previsión Social. La medicina paraguaya se hallaba, entonces, en pleno desenvolvimiento científico y social. Se cree que la anestesia con éter empezó durante la guerra.

En 1.940 bajo el impulso del Profesor Doctor Manuel Riveros, se intentó hacer marchar el Foregger, bajo la dirección del doctor Daponte, médico cirujano de la Sala X del Hospital de Clínicas, quién por diversos inconvenientes técnicos y sin contar con la dirección de una persona y experimentada, no pudo llegar a hacer dormir ningún paciente, perdiendo horas, para ver si se lograba la anestesia, que finalmente terminó retirándose el Foregger y volviendo a la conocida máscara de Ombredanne con éter. Al cabo de poco tiempo se abandonó el intento y el aparato volvió al depósito. Fuera de los médicos, practicantes y hermanas religiosas que se ocupaban de la anestesia aparecieron los técnicos, que hasta hoy día practican anestesia.

En el año 1.948, el doctor Luis Ramírez, había viajado a Buenos Aires, con el deseo de especializarse en cirugía de vías biliares, pero viendo la necesidad de anestesiólogos de su país, dejó sus ansias quirúrgicas en La Plata, dedicándose de lleno al entrenamiento de la especialidad, en el Hospital Luis Güemes de la Argentina. Gracias a él se inició la era de la anestesia técnica especializada en el Paraguay, con el esfuerzo de este pionero llegó a darse la jerarquía que corresponde al anestesiólogo en ese tiempo.

Desde entonces los colegas empezaron a entusiasmarse por la anestesiología como una especialidad médica interesante. A partir de él empezaron a viajar los colegas a la Argentina, Brasil, Uruguay, EE.UU, etc. llegando a tener anestesiólogos formados en distintos países.

El 3 de diciembre de 1.973 se fundó la Sociedad Paraguaya de Anestesiología en Asunción, fueron fundadores: los doctores Luis Ramírez, Carlos Vallovera, Gregorio Miranda, Tomás Miltos, Aristión Soria, Nemesio Fiandro, Afrodicio Ortiz, Fidel Acosta Melgarejo, Rigoberto Branda, Osvaldo Cuevas Menchaca, Isidro Ramón Bordón, Ludgarda Sanabria Ortiz, Ronald Ricciardi, en presencia del doctor. Carlos Castaños, Secretario General de la CLASA. Sus fines son: el progreso científico de la especialidad y obtener las mejores condiciones económicas para sus asociados, como retribución al trabajo realizado, así como velar por la ética y defensa de sus asociados (según Acta de Fundación).

La S.P.A. había quedado suspendida por C.L.A.S.A. por deuda de cuotas desde 1.964 a 1.974. En 1.974 el Comité Ejecutivo de C.L.A.S.A., decidió condonar las cuotas pendientes de la S.P.A., debiendo pagar solo cien dólares por 1.973 a 1.975, de esta manera se reincorporó a la C.L.A.S.A. en nota de 23 de mayo de 1.974.

En 1.988 se crea la Federación de Asociaciones Sudamericana de Anestesiología (F.A.S.A.). Ese mismo año se obtiene la Personería Jurídica de la Sociedad por Decreto Nº. 26.753 de fecha 1 de febrero de 1.988.

En 1.988 se realiza el Primer Congreso Paraguayo de Anestesiología. En 1.992 se inicia por primera vez en la Facultad de Ciencias Médicas, un curso de anestesiología para médicos residentes interesados en la especialidad (Post grado), con la participación de los doctores Ricardo Irala, Ignacio Cáceres y Ludgarda Sanabria. El curso de tres años de duración ha dado ya un anestesiólogo de fabricación nacional que culminó el año pasado. Este año termina otro y actualmente contamos con cuatro residentes rentados y dos ad honorem.

Actualmente la S.P.A. cuenta con 72 Anestesiólogos socios y unos 8 no socios. El Hospital de Clínicas de la Facultad de Ciencias Médicas de Asunción, es la única entidad formadora de Recursos Humanos en medicina, con una estructura edilicia del siglo pasado, con poca funcionalidad, siendo lo más resaltante la falta de centralización de los servicios, que hace difícil nuestra labor, y la falta de equipamiento adecuado (después de un paro hace dos años, empezamos a recibir máquinas de anestesia, hoy contamos con seis máquinas Omheda, pero siguen faltando. No hay SALA DE RECUPERACIÓN POST ANESTÉSICA, sala de cuidados intensivos. Faltan recursos económicos, rubros, etc.

Las entidades privadas están empezando a comprar máquinas de anestesia y monitores. Infelizmente seguimos siendo "Anestesiólogos Maletineros". Disponemos de escasos monitores cardiacos, oxímetros y tres capnógrafo en todo Asunción.

La mayoría de los Anestesiólogos trabajan en Asunción; 3 Anestesiólogos en Ciudad del Este y 1 en Encarnación. En cambio hay 200 Técnicos en Anestesiología.
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