| Historia de la Anestesia en Uruguay Prolegomenos. Etapa Inicial |
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Han transcurrido 135 años desde la utilización de las propiedades narcóticas y analgésicas del éter en intervenciones quirúrgicas y 134 años y medio, después de la primera anestesia en Montevideo (2). En ese Montevideo en el que las preocupaciones y dificultades del sitio de la Guerra Grande, no impidieron al espíritu avizor e inquieto, de quienes captaron la trascedental noticia, llevar de inmediato a la práctica, esa experiencia de avanzada. Dejando de lado discusiones respecto a prioridades (3), podemos considerar las experiencias de Boston, y la publicación subsiguiente por el doctor Bigelow de los resultados obtenidos, como señalando la fecha del descubrimiento de la anestesia general por inhalación (4). Las tentativas anteriores, si bien habían preparado el camino, resultaron todas o infructuosas o inconvincentes y carentes de la necesaria divulgación. Es sólo a partir de la fecha mencionada que, con diferencias de meses debidas a las distancias, el mundo civilizado recibió con alborozo la noticia de que había sido vencido el dolor, hasta entonces huésped permanente y fantasma ingobernable de las salas de operaciones. La anestesia, como la bautizara el médico y publicista de Boston, Oliver Wendell Holmes (5). El 16 de octubre de 1846, Morton anestesia un paciente en el Massachussets General Hospital, permitiendo al doctor Warren extirpar, sin dolor, un pequeño tumor vascular del cuello. Unos días después, el 21 de Octubre el Boston Medical and Surgical Journal (6) publicó el siguiente comentario: "Se relatan en los periódicos de esta ciudad extrañas historias respecto a un preparado, administrando el cual a un paciente, este se ve afectado durante el tiempo suficiente y en la medida necesaria para poder, sin sufrir dolor alguno, ser sometido a una operación". A finales de diciembre, Liston amputó una pierna, al llamado Federico Churchill, en el Hospital del University College en Londres (7) , bajo narcosis etérea. Un mes después, en Enero de 1847, se realizaron anestesias en París, de cuyos éxitos da cuenta el Profesor Malgaigne en los Boletines de la Academia de Medicina de Francia (8), entonces, sin disputa, la institución científica médica de mayor prestigio mundial. Los boletines mencionados llegan al Plata a principios de Abril de 1847 y, Florencio Varela, el ilustrado director del "Comercio del Plata" comunica la noticia a varios médicos y cirujanos amigos. Resuelven en seguida ensayar el método y, tan pronto consiguen éter en el grado de pureza suficiente, en la Botica de Parodi y Lenoble, el doctor Adolfo Brunnel, médico de Montpellier en Montevideo prueba en si mismo la droga; unas pocas inhalaciones le aparejan un extraño estado de embriaguez e insensibilidad transitorias. Llegamos así al 2 de Mayo de 1847. La víspera, a raíz de una salva de cañón, un artillero de la plaza sufre una extensa herida de la mano y brazo derechos; traído al Hospital de Caridad se consideró indispensable amputar el miembro superior y decidieron experimentar la anestesia. Para ello el doctor Patricio Ramos preparó un dispositivo parecido al descrito por Morton (vejiga conectada a una boquilla de vidrio), colocó en su interior un onza de éter sulfúrico, y aplicó la abertura a la boca del paciente. Al cabo de dos minutos de profundas inhalaciones, mostró un estado de agitación y rigidez de los miembros; suponiendo ese el momento favorable, el doctor Brunnel, practicó la amputación en cuatro minutos. El enfermo no llegó a estar dormido totalmente, pero manifestó que no le había dolido. Presenciaban la operación, con el natural interés que la tentativa suscitaba, los siguientes facultativos: Tomás Crawford, cirujano del Hospital Naval Inglés; Juan Tenan, cirujano del vapor Harpy (H.M.S.); Juan Pedro Leonard, cirujano de la Escuadra Francesa; Alfredo Harvey, cirujano de la Escuadra Inglesa; y los cirujanos Bermejo y Lastra del Hospital de la Estación Naval de su majestad Católica. Al día siguiente, el médico genovés Bartolomé Odiccini, en el Hospital de la Legión Italiana, operó un enfermo, de un abceso de la cara interna del muslo, usando el método por insuflación, pasando una corriente de aire a través del éter contenido en un frasco de Woolf. Poco después el doctor Martin de Moussy, de la Facultad de Medicina de París, no consiguió, la insensibilidad requerida ni el esperado sueño, el fracaso fue atribuido a imperfección de los aparatos; tampoco el éxito coronó otra tentativa de los cirujanos Bermejo y Lastra. En el curso el año 1847, el doctor Brunnel asistido por el doctor Patricio Ramos, realizó doce intervenciones bajo anestesia etérea; sin embargo siguieron presentándose fracasos e incidentes, consistentes lo más en una excesiva secreción de mucosidades, tos y agitación, otros en la no obtención de la adecuada insensibilidad. Fue entonces que, también, a través del "Comercio del Plata" (9), llegó la noticia que, el Cirujano de Edimburgo, James Y. Simpson, había presentado a la Sociedad Médico Quirúrgica de esa ciudad, el 10 de Noviembre de 1847, los resultados de la inhalación de otra droga, el cloroformo. Mucho más potente que el éter sulfúrico y carente de algunos de los inconvenientes de este. Francisco Constantino Thiballier, farmacéutico francés, en la Botica de Lenoble y Parodi, obtiene por destilación de alcohol etílico sobre cloruro de calcio una substancia muy parecida al cloroformo; el 11 de Febrero de 1848, el cirujano mayor del ejército, doctor Fermín Ferreira, opera en el Hospital de la Caridad a un joven moreno llamado José Silva, de fimosis. La intervención, de poca importancia pero muy dolorosa. Según palabras del propio Fermín Ferreira, entrevistado por don Florencio Varela y el doctor Teodoro Vilardebó (9), se realizó bajo anestesia clorofórmica, manteniendo una esponja empapada en la citada droga delante de la nariz y boca del paciente. El resultado fue calificado de muy satisfactorio; presenciaban la operación los cirujanos del Bergantín Español Volador, don Hipólito Almeida y don Bartolomé Bustamante. El 17 de Febrero de ese año, Bartolomé Odiccini operó dos soldados de la Legión Italiana, anestesiándolos con ese producto. El doctor Brunnel, por su parte, pudo reducir y operar por kelotomia, una hernia estrangulada, en un paciente de 52 años cuyo estado era gravísimo; la narcosis se obtuvo en cuatro minutos y, evolucionando en buenas condiciones. Decía al respecto el citado doctor Adolfo Brunnel: " A juzgar por las primeras veces que he empleado el cloroformo, este parece más ventajoso que el éter; con la nueva preparación química, el enfermo no tose, no tiene contracciones musculares y el efecto es más seguro y rápido" (9) Al relatar estos episodios iniciales no podría dejarse de precisar el orden cronológico de algunas anestesias posteriores a las del Hospital Maciel. Leslie Curtis y Borges Monteiro, en el Hospital Militar de Corte en Río de Janeiro (Morro de Castelo) el 16 de Julio de 1847, "Experiencia insensibilizante del éter" en Anales de Medicina Brasilera. En Buenos Aires, el doctor Tuksbury, usando el éter como anestésico (10), realiza una operación de estrabismo en un domicilio particular, el 4 de septiembre de 1847. El 8 de Febrero de 1848 se inicia la era de la anestesia en el Canadá, Siwell, Hotel Dieu de Quebec; como dato curioso agreguemos que el trayecto de Boston a Quebec lo cubría, en ese entonces, y en cuatro días, una diligencia (stage coach). Fuera de duda en "La Nueva Troya" (11) campeaba un espíritu de progreso e ilustración fuera de los común; en lo respecta al periodismo, la literatura, la ciencia, la medicina. A sólo seis meses y medio de la experiencia de Boston, a poco más de tres meses de la publicación en los Boletines de la Academia de Medicina de Francia, a menos de un mes del artículo del "Comercio del Plata, se realiza la primera anestesia en Montevideo, indiscutiblemente la primera en el Río de la Plata y, muy posiblemente, en la América del Sur. Hagamos un paréntesis ahora para consignar, a la memoria del doctor Patricio Ramos, nuestro primer anestesista, unos breves e incompletos perfiles biográficos. La primera noticia que de él tenemos data de Marzo de 1837, cuando la Revolución Constitucional pone sitio a Paysandú. Comandaban el ejército sitiador los Generales Rivera, Aguiar y Núñez. Quien ejercía la jefatura de la plaza, el entonces Coronel Eugenio Garzón, requirió los servicios del Licenciado Antonio Pereira y de su colega argentino doctor Patricio Ramos para que habilitaran un Hospital de emergencia; se atendieron allí unos 100 enfermos, incluyendo heridos (sic), según documento que recomienda esas actuaciones, dirigido al Ministro de Guerra y Marina General Pedro Lenguas, por el Jefe de la Guarnición. (12) El doctor Patricio Ramos se trasladó luego a Montevideo, en 1838. El 16 de Enero de 1839, la Junta de Higiene Pública le expidió el siguiente certificado, que figura en el Registro de Títulos y Reválidos de la División Técnica del Ministerio de Salud Pública, en el Libro 1º., Folio 2, No. 5 (fig.1), que dice así: El Profesor en Medicina y Cirugía don Patricio Ramos, natural de Buenos Aires, ha presentado ante la Junta de Higiene Pública, dos títulos expedidos por el Tribunal de Medicina de la misma ciudad, en 21 de enero de 1834, y que lo acreditan en la clase de Profesor de ambas facultades. En 1856, ejerciendo su profesión en la ciudad de la colonia, presenta un trabajo, en una reunión científica de la Junta Económica Administrativa Departamental, sobre "Lamelibranquios y Gasterópodos del Río de la Plata". Poco después abandona nuestro país y se radica en Gualeguaychú, en cuyo Cementerio descansan sus restos (13) A principios de 1853, en una sesión de la Sociedad de Medicina Montevideana, el estudiante de farmacia, Bachiller don Mario Isola, se ocupa de sus experimentos de química y presenta, por primera vez en Montevideo, el cloroformo preparado de acuerdo a las especificaciones del Codex Francés (14). Se somete a la acción del anestésico para probar su inocuidad. En esa circunstancia el doctor Bartolomé Odiccini deja constancia de su voto en los términos siguientes: "El descubridor de la anestesia, que apacigua el dolor en las operaciones quirúrgicas, merece una estatua que lo represente en todos los hospitales del mundo y, cada año venidero, un día destinado a recordar tan magno acontecimiento en todos los países donde haya hombres civilizados".(15) La Sociedad de Medicina Montevideana fue fundada el 19 de Noviembre de 1852, firman el Acta de constitución los Profesores de Medicina y Cirugía: don Fermin Ferreira, don Gabriel Mendoza, don Enrique Muñoz, don Antonio Cándido, don Juan Martin de Moussy, don Luis Michaelson, don Enrique Wachs, don Juan Leonard, don Pedro Vavasseur, don Juan Nollet, don Carlos Neves, don Pedro García Diago, don Santiago Bottini, don Patricio Ramos, don Francisco Vergara, y los profesores de Química y Farmacia don Julio Lenoble, don Juan José Vizcaino y don Domingo Parodi (hijo) (16) Creemos de interés hacer mención de un detalle farmacológico referente a esas primeras instancias con el cloroformo. Después que lo empleara el fisiólogo francés Flourens, en animales en 1837, demostrando sus propiedades anestésicas, y en el ser humano, Simpson en 1847, se trató de asignarle una fórmula y un procedimiento de preparación codificado. Se conocía de tiempo atrás el éter clorhídrico (17). Por la característica de su preparación, como la describe el farmacéutico Thiballier, en Montevideo (destilación de alcohol etílico sobre cloruro de calcio) se trataba de esa última droga, conocida también con los nombres de percloruro de formilo, bicloruro de carbono y, según grandes probabilidades era cloroformo diluido en seis partes de alcohol (afortunadamente diríamos, para los osados experimentadores de tan peligroso fármaco) (18) Cuando Isola presentó la droga en la Sociedad de Medicina Montevideana, se hace constar que se trata de cloroformo puro, preparado como lo establece el Codex Medicamentorum Gallicus Edición de 1851. Con ese preparado el Bachiller Isola se sometió a la experiencia "in anima vile" relatada en las minutas de la sociedad. Paul Bert en un artículo de "La Nature" (19), en el que presenta su aparato dosimétrico, distingue tres agentes anestésicos volátiles, a saber: el éter sulfúrico, el éter clorhídrico (cloroformo diluido seis veces en aguardiente) y el cloroformo químicamente puro. Comienza así el período en que el cloroformo representa por si sólo toda la anestesia; esta situación ocurre entre nosotros y lo mismo en todo el mundo. Surgen los problemas que habrán de alimentar, durante un siglo, las controversias entre panegiristas y detractores de esta droga, se señalan accidentes del inicio de la anestesia, el sincope blanco primario que súbita e inopinadamente provoca, la terminación fatal. No existen estadísticas dignas de crédito, se habla de una muerte cada mil o dos mil cloroformizaciones. También se registran algunos casos de atrofia aguda amarilla del hígado pero, en la mayor parte de las pocas historias clínicas, se confunde esa incidencia dentro de los frecuentemente, tormentosos post operatorios. Tanto es así que en los años 1945-46, uno de nosotros, participó en una investigación y evaluación sumamente rigurosa del cloroformo en el Departamento de Anestesiología del Hospital Universitario de Wisconsin, que dirigía el Profesor Waters. (20) |
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